Dios nos envía aliento y consuelo

Seguramente piensas que Pablo era demasiado maduro espiritualmente para sentirse decaído; pero no es verdad. El apóstol por antonomasia y dirigente de la iglesia sufrió desaliento, tensión, inquietudes, y hasta miedo. “Cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningún descanso, sino que nos vimos acosados por todas partes; conflictos por fuera, temores por dentro” (2 Corintios 7:5 NVI). Entonces, ¿adónde acudimos para reponer nuestras fuerzas en tiempos de aflicción? Consideremos algunas de las formas en las que Dios nos envía aliento y consuelo:

1) Nos alienta con su presencia: “…Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones y os confirme en toda buena palabra y obra” (2 Tesalonicenses 2:16-17). La naturaleza de Dios es estar con nosotros, y darnos consuelo cuando estamos emocionalmente destrozados (Salmo 147:3), en duelo (Mateo 5:4), abrumados (Salmo 154:14), preocupados (Isaías 41:10) o enfermos (Salmo 41:3). Pero es necesario que reconozcamos Su presencia y aceptemos Su consuelo.

2) Nos alienta con Su Palabra: “Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar. Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado” (Salmo 119:49-50).

3) Nos alienta por medio de la oración: “El día que clamé, me respondiste; fortaleciste el vigor de mi alma” (Salmo 138:3).

4) Nos alienta por medio de buenos amigos cristianos. Escribe Pablo: “…Nos consoló con la venida de Tito” (2 Corintios 7:6).

Así que, la próxima vez que te sientas decaído y deprimido, analiza estás 4 formas en que Dios tratará de levantarte y nos las dejes pasar. La Biblia llama al Espíritu Santo de: “Consolador” y algunas de sus funciones son exactamente estas: Levantarte, animarte, y consolarte en medio de la tribulación.

 

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