No lo pienses demasiado

No se que se supone que tengo que hacer con mi vida, y se me está acabando el tiempo para averiguarlo. ¿qué pasa si nunca lo averiguo? ¿Me pasaré la vida siendo infeliz y sintiéndome no realizada? ¿Nunca alcanzaré mi propósito? Qué hará Dios con eso, ¿me llamará una mala sirvienta? Pero no puedo evitarlo. ¿Por qué Él no responde a mis súplicas?. ¿Se parece este auto diálogo a tus propios pensamientos a veces? Quizá no se trate de tu llamado, pero sí al hecho de encontrar una pareja, o tener el dinero suficiente para comprar una casa, o un conflicto con tu jefe. ¿Tiendes a pensar demasiado las cosas? ¿A preocuparte y rumiar? ¿A analizar pasiva, excesiva e interminablemente el significado, las razones y las posibles consecuencias de tus problemas?. Mucha gente cree que cuando nos sentimos desanimados por algo tenemos que tratar de evaluar nuestros sentimientos y nuestra situación desde todo ángulo para llegar a la comprensión y encontrar soluciones que alivien nuestra infelicidad. Sin embargo, estudios que se han llevado a cabo durante los últimos 20 años demostraron que el analizar demasiado este tipo de pensamientos lleva a resultados negativos; perpetúa o empeora la tristeza, promueve los pensamientos negativos, reduce la motivación, agota la energía, interfiere con la concentración y típicamente afecta a nuestra capacidad de resolver problemas. La Profesora Sonja Lyubomirsky escribe: “Si bien la gente cree que al rumiar se están comprendiendo más a sí mismos y a sus problemas, rara vez es eso lo que ocurre. Lo que sí logran es una perspectiva distorsionada y pesimista de sus vidas.” Y agrega, “Debes liberarte de la garra de tus reflexiones, es decir, deja inmediatamente de pensarlo demasiado.” En base a lo que escribió en Filipenses 4:6-13, yo diría que el apóstol Pablo estaría de acuerdo con la profesora. Pablo da tres claras instrucciones para aquellos que tienden a rumiar en sus problemas. Dice: 1) no te preocupes por nada. 2) ora por todo. 3) agradécele a Dios por todo. ¿Qué sucedería si hoy pusiéramos en práctica estas instrucciones? ¿si hoy decidiéramos no preocuparnos por nada? ¿Si nos detuviéramos y le entregáramos la situación a Dios mediante la oración? ¿Y qué  le agradeciéramos por ocuparse del asunto?. De hecho, ¿qué sucedería si ocupáramos la mayor parte de nuestro tiempo libre para pensar en lo maravilloso que es Dios y en lo bien que nos cuida?. ¿Si contáramos nuestras bendiciones y los actos de fidelidad de Dios hoy, y otra vez  mañana, y también la semana que viene? ¿Qué sucedería entonces?. Pablo dice que empezaríamos a experimentar una paz increíble, difícil de imaginar. ¡Una paz que no tiene sentido en esta tierra! Este tipo de paz es tan poderosa que tiene una función protectora sobre nuestras almas y nuestras mentes, lo que facilita aún más el dejar de preocuparse y el estar agradecida. Para mí, ¡esto suena a un estado de felicidad! Por lo tanto, dejemos hoy de pensarlo demasiado. Pero no dejemos de orar por ello. Elijamos tener un día lleno de felicidad y agradecimiento. Mañana cuando nos levantemos, volvamos a hacerlo.

Rachel Olsen, ministerio proverbios 31