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Confianza en Dios

A lo largo de nuestra vida hemos tenido que enfrentar una gran cantidad de desafíos, algunos de estos desafíos han sido relativamente fáciles o sencillos, algunos otros han sido difíciles y complicados, y algunos de estos desafíos aun están presentes en nuestra vida actual, esperando que los reconozcamos y nos dispongamos a enfrentarlos para que se puedan marchar. Desafíos económicos, desafíos personales, desafíos laborales, desafíos de salud, desafíos en nuestras relaciones de pareja, en fin. Poner nuestra confianza en Dios puede darnos el valor necesario para enfrentar los desafíos más complicados que pudieran presentarse en nuestra vida. Quizá no sabes que “Dios es especialista en casos Difíciles”. Poner nuestra confianza en Dios nos puede ayudar también a resolver aquellos desafíos que aún no nos decidimos a resolver, y que día a día nos acompañan como una sombra, de tal forma que ya nos hemos acostumbrado a ellos. Muchos no se atreven a confiar en Dios, pues sienten que no han llevado una vida ordenada, y es verdad, “El pecado nos separa del Amor de Dios” pero si lo vemos al revés resulta mucho mejor: “El Amor a Dios nos aleja del pecado”. Así pues confía y acércate a Él. Pero no pidamos a Dios una garantía de que nuestros deseos se cumplirán, simplemente confiemos en Él, solo Dios sabe el tiempo, lugar y hora en que recibiremos lo que le solicite-mos en oración. Reconoce a Dios presente en tu vida en cada momento, en tu respirar, en el latido de tu corazón, en tu mirar, en tu oír, en tu hablar, en cada uno de tus hermanos, compañeros y amigos. Sólo porque no ves que está ocurriendo algo, no significa que Dios no esté actuando, Dios siempre está haciendo algo. Créelo!

Reflexiones cortas

Coraje

Al ver la confianza de Pedro y de Juan, y dándose cuenta de que eran hombres sin letras y sin preparación, se maravillaban, y reconocían que ellos habían estado con Jesús. Y viendo junto a ellos de pie al hombre que había sido sanado, no tenían nada que decir en contra.

Hechos 4:13-14

Pedro y Juan fueron llevados ante el Sanedrín. Este cuerpo era la Corte Suprema de los judíos, y aún bajo el poder romano, podía arrestar a una persona. Tenía setenta y un miembros presididos por el Sumo Sacerdote. Todos los sacerdotes que integraban el Sanedrín eran saduceos; también habían escribas expertos en la Ley y algunos fariseos fanáticos de la Ley. También lo conformaban ancianos respetados por la comunidad y familiares de los sacerdotes. Muchos de los sacerdotes integrantes del Sanedrín habían sido, en su oportunidad, Sumos Sacerdotes porque este cargo era rotativo. Cuando leemos la disertación de Pedro debemos recordar a quienes estaba dirigida: así se convierte en una gran demostración de coraje. Habló ante una audiencia compuesta por los hombres más ricos, más intelectuales y más poderosos y, sin embargo, siendo él un humilde pescador, no se amilanó. Pero aún más: Pedro sabía que era el mismo tribunal que había sentenciado a Jesús, y se presentó ante ellos más como un juez que como una víctima, sabiendo que estaba arriesgando su propia vida. Pedro sabía que esta era la sublime oportunidad de anunciar la resurrección de Jesús aún enfrente de aquellos que habían querido callar su mensaje con la muerte, y más allá de los riesgos, predicar la verdad evangélica. No tuvo temor, pues tenía las armas valederas para defenderse de estos ataques: En primer lugar tenían con ellos al cojo que había sido sanado. Este era un hecho indiscutible. En segundo lugar tenían el argumento de una ABSOLUTA FIDELIDAD TOTAL A DIOS. No dudaban a quien debían obedecer. Dios jamás dejará solo a un hijo suyo que manifieste tal grado de fidelidad hacia El. Y en tercer lugar, ellos tenían el argumento de haber vivido UNA EXPERIENCIA PERSONAL CON JESUCRISTO. Como ellos dijeron, no podían dejar de hablar acerca de aquellas cosas que habían visto y oído personalmente. Su mensaje no era una historia que les había sido trasmitida; sabían que era cierto en forma directa, y estaban tan seguros de ello que estaban dispuestos a jugarse la vida.

Estudios bíblicos